Como todos ya sabréis, y si no lo sabéis ya se encargarán todos los medios de comunicación habidos y por haber en contároslo, el pasado miércoles Apple presentó los dispositivos móviles con los que la compañía se enfrentará a lo que resta de 2017 y al próximo 2018. Hablamos de los nuevos iPhone 8, 8 Plus y el iPhone X.

Un iPhone 7 S con sombrero nuevo

Con estos nuevos iPhone Apple lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a superarse a sí misma. Y por desgracia no para bien. La compañía ha tomado una decisión más que arriesgada y es que, iPhone X aparte, los de Cupertino han decidido enfrentarse a los todopoderosos Galaxy S8 y S8 Plus de la surcoreana Samsung con un refrito del iPhone 7 y 7 Plus, unos nuevos iPhone 8 que si bien han cambiado de nombre y actualizado componentes, siguen siendo en esencia los mismos dispositivos que la compañía presentó en 2016.

Todo por el iPhone X

La decisión de la compañía era clara, este año era el año del aniversario del iPhone, el año del iPhone X. Un smartphone que para Apple suponía una subida de escalón tanto en lo que a “innovación” y a precio se refiere. Por desgracia para para el modelo de turno, el iPhone 8, alias iPhone 7 s renombrado, la necesidad de marcar la diferencia con el iPhone X ha obligado a la compañía a mantener un año más el diseño del dispositivo. Un diseño que recordemos arrastra desde el iPhone 6, un terminal que salió al mercado en 2014. Hace ya nada más y nada menos que 3 años.

Una competencia atroz

¿Y esto qué puede significar para la compañía de Cupertino? Pues que mientras prácticamente toda la competencia ya cuenta con smartphone sin borde alguno, Apple sigue ofreciendo con sus iPhone 8 y 8 Plus un diseño más propio del 2014. Todo un despropósito.

Para que nos hagamos una idea, mientras que este iPhone 8 contará con una pantalla de 4,7 pulgadas con resolución 1334×750 y saldrá al mercado por 809 euros, su principal competidor, el Samsung Galaxy S8, el cual se puede encontrar ya por debajo de los 550 euros, dispone de una pantalla de 5,8 pulgadas y una resolución de 2960×1440.

Aunque Apple nos tiene ya más que acostumbrados a esto de presentar dispositivos con hardware un tanto anticuado, como quedó demostrado con aquellos iPhone 4 y 5 y sus respectivas versiones S que se negaban a aumentar la pantalla, los tiempos han cambiado y Android no es el lo que era. La brecha de aplicaciones y sobretodo de funcionamiento ya es inexistente y en esta ocasión, eso de retener el progreso, bien podría terminar costándole la batalla a Apple.

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