El pasado 13 de septiembre de 2017 Apple presentó junto con los iPhone 8 e iPhone 8 Plus el que sería el buque insignia de los de Cupertino, un smartphone cargado de novedades que suponía una ruptura importante en lo que diseño se refiere con lo visto anteriormente, el iPhone X.

Un smartphone que, siendo claros, suponía un lavado de cara importante después de 3 años de absoluto inmovilismo. Un smartphone que cambiaba su diseño olvidando el camino iniciado con el iPhone 6 en septiembre de 2014 y que se ajustaba a los estándares actuales siendo incluso uno de los primeros dispositivos en introducir el tan característico notch en la parte superior de la pantalla. Un notch que recordemos ya había sido introducido, con un mejor resultado, por el Essential Phone.

El iPhone X evidencia las carencias del iPhone 8

Así, como acabamos de comentar, este nuevo iPhone X, además de por sus nuevas funcionalidades, como el FaceID (característica que para el que escribe este artículo supone un paso atrás con respecto a lo que ofrece el reconocimiento por huella), ha supuesto un paso importante para la compañía por el hecho de dejar atrás diseños obsoletos y abrazar por fin las demandas del consumidor, demandas tales como el mayor aprovechamiento de la pantalla. Y es que, salvando al iPhone X, los terminales de la compañía de Cupertino tienen más marco que metros de los que disponen muchas viviendas en la actualidad.

No obstante, y tras decir que el iPhone X es un terminal maravilloso, pasaremos a la crítica, y es que Apple, por mucho que trate de vendernos la moto con su iPhone X, no puede pretender que los usuarios lleguemos a pagar cifras superiores a los 1.000 euros por un dispositivo cuyas características, sí bien son una gran novedad en la compañía, son casi el día a día en los buques insignia de la competencia. Que Apple redujese los marcos en su iPhone X el pasado 2017 no hace que la compañía haya descubierto la rueda y que ya por ello pueda pedir el oro y el moro por su smartphone. Y no, esa pantalla es solo el reflejo del inmovilismo al que tan acostumbrados nos tiene la compañía. Que para tener un teléfono con un aprovechamiento de pantalla razonable haya que pagar más de 1.000 euros es casi un insulto a quienes se han dejado más de 800 euros en un iPhone 8.

Un iPhone X que no cumple con las previsiones

Y como siempre ocurre, es el pueblo quien da y quita la razón y en el caso del que nos ocupa la respuesta de la gente ha sido más que clara y es que, pese a que la compañía haya obtenido unos beneficios increíbles con su nuevo terminal, este no ha cumplido ni de lejos con las previsiones de los de Cupertino, siendo los iPhone 8 y 8 Plus los terminales más relevantes de la compañía.

Y es que la gente querido Tim no es tonta y pocos son los dispuestos a estirar su presupuesto hasta los 1.000 euros cuando por 300 euros menos tienes un iPhone 8 e iPhone 8 Plus que, salvando esos marcos más propios del 2013, ofrecen una experiencia similar a la del iPhone X.

¿Aprenderá Apple la lección?

Visto lo visto con el iPhone X la compañía de Cupertino debería haber aprendido la lección y volver al modelo que hasta ahora tan bien le ha ido, ese modelo de iPhone con pantalla comedida y terminal con pantalla grande. Dejad de insultar a los usuarios con iPhones con diseño de 2014 y popularizad el diseño del iPhone X.

Apple no es Microsoft ni Google, Apple es una compañía que, aunque esta se niegue a reconocerlo, basa prácticamente toda su línea de negocio en los iPhone. Vender menos iPhone, pese a obtener más beneficios, es un riesgo muy importante.

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