Si por algo siempre han destacado los dispositivos de los de Cupertino ha sido por el soporte ofrecido por la compañía, un soporte que hacía que un producto de Apple pudiese seguir recibiendo actualizaciones bastante más allá de lo que cualquier otro fabricante ofrece.

Sin embargo, desde que Steve Jobs dejase la compañía demasiadas cosas han cambiado en esta, hasta el punto en el que muchos nos preguntamos si ahora que parece se ha terminado el roadmap del genio de San Francisco Apple no está llegando a un punto de caída libre y es que, como los datos demuestran, ni los nuevos iPhones se venden como antes ni iOS es lo que era antaño.

Cuando la avaricia rompe el saco

Antes, comprar un iPhone era sinónimo de gastarse el dinero en algo que sabías iba a funcionar de forma correcta durante los tres o cuatro próximos años. Ahora, como la propia Apple ha reconocido, un iPhone con dos años no funcionará igual que uno recién salido de la caja. ¿El motivo? Las propias limitaciones que Apple introduce en los procesadores de sus dispositivos.

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Hasta ahora cuando alguien nos decía que porqué comprábamos un iPhone cuando había en el mercado otras opciones mucho más económicas la repuesta más común era que comprar un iPhone era sinónimo de durabilidad, llegando en muchos casos a argumentar que en el tiempo que nosotros nos gastábamos el dinero en un iPhone los demás compraban dos o tres móviles. Y era algo que, en mayor o menor media, era cierto.

Todo ha cambiado con iOS 11

Sin embargo, con iOS 11 todo ha cambiado. Con su nuevo sistema operativo móvil Apple ha dinamitado uno de los argumentos que a muchos nos incitaba a optar por sus opciones. La compañía ha decidido ponerle fecha de caducidad a sus dispositivos. ¿Cómo? Atendiendo a la vida de la batería del dispositivo. Sí, esa misma batería que Apple ha matado con iOS 11.

Y es que, por si alguien aún no se ha enterado, la compañía con sede en Cupertino ha decido que, con el fin de salvaguardar la salud de los smartphones de mayor edad, su nuevo sistema operativo reducirá de manera más que significativa la velocidad del procesador de los dispositivos. Una medida que, después de pensarlo varias veces, podía llegar a ser entendible en dispositivos como los iPhone 5s y 6, smarphones con un gran recorrido. No obstante Apple ha decidido ido ir bastante más allá, aplicando dicha política en móviles como el iPhone 7, un smartphone con tan sólo un año de antigüedad. Algo que siendo sinceros es bastante ruin.

Así, en este panorama en la que Apple comienza a reducir el rendimiento de sus smartphones pasado el año, ¿qué ventaja real supone comprar un iPhone? ¿Por qué alguien iba a pagar hasta 1.200 euros por un dispositivo que nace con la fecha de caducidad ya impresa? ¿Para qué gastar 800€ en un iPhone 8 si sabemos que en su segundo año ya ofrecerá un rendimiento más que cuestionable? Con el paso de los años las tornas parece que están cambiando y con un Android que mejora a pasos agigantados, decisiones como esta, unidas al pobre rendimiento de iOS 11, podrían terminar enterrando al sistema operativo móvil de Apple.

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